Hoy
Los pedidos se anotan en papel o en el chat.
El domicilio se calcula «a ojo».
El PDF del menú circula con el precio viejo.
Veinte mensajes en hora pico, una sola mano libre.
Pregunta lo que falta antes de cerrar, calcula el domicilio según la dirección y confirma el total. Nadie transcribe nada.
Le tomas una foto a tu carta y el sistema crea los productos con sus precios.
El agente pregunta lo que falta —salsas, tamaño, extras— antes de cerrar.
Cobra la tarifa que configuraste y la muestra desglosada en el total.
El pedido sale a WhatsApp o a la impresora, y el cliente recibe el aviso.